Apaga el teléfono antes de las reuniones delicadas o guárdalo para proteger las reuniones confidenciales. Si puedes, quítale la batería.
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Recuerda que los demás no pueden saber lo bien que conoces tu propio teléfono. Por lo tanto, siempre es una señal de confianza mutua mantener los teléfonos fuera de las conversaciones delicadas. La regla general debería ser: Confía más en las personas que en sus dispositivos.